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Frailejones en un páramo andino entre la niebla
Naturaleza · Expedición

Wild Colombia

Cinco ecosistemas del segundo país más biodiverso del planeta

Naturaleza · Expedición3 min de lectura

Colombia es el único país del planeta donde en dos semanas se puede caminar entre nieve, páramo, bosque de niebla, sabana, selva tropical y playa. Eso no es una descripción turística. Es una anomalía geográfica que tiene una explicación: tres cordilleras que dividen el territorio en ecosistemas radicalmente distintos, dos océanos que lo bordean, y una posición en el trópico que convierte cada gradiente de altitud en un mundo nuevo. Y cada ecosistema tiene su propia gente, con su propio idioma, su propia memoria y su propia manera de entender el territorio que habita.

Los Andes: Chingaza y los frailejones

El viaje empieza en los Andes, en Chingaza, el páramo donde los frailejones milenarios florecen en agosto y las lagunas glaciales a cuatro mil metros alimentan los ríos de millones de personas. Guías naturalistas explican por qué Colombia tiene más especies de aves que Europa y Norteamérica juntas. Ciento cincuenta y siete especies de colibríes viven en reservas privadas de esta región. Al amanecer, con la niebla todavía entre los árboles, eso se convierte en algo difícil de procesar.

La Orinoquía: Caño Cristales y el joropo

La Orinoquía es otro mundo. Caño Cristales florece entre julio y noviembre cuando la macarenia clavigera tiñe el lecho del río de rojo, amarillo, verde, azul y negro al mismo tiempo, un fenómeno que no ocurre en ningún otro lugar del planeta. En Hato La Aurora los safaris se hacen a caballo entre anacondas, caimanes y chigüiros, con trescientas especies de aves sobre la cabeza y un llanero que narra el territorio desde la música, porque el joropo no es folclor sino geografía cantada.

La Amazonía: ríos de aguas negras y los Tikuna

En la Amazonía, desde Canaloa, la expedición navega ríos de aguas negras donde los delfines rosados emergen sin aviso. Las comunidades indígenas Tikuna enseñan una farmacopea viva, plantas medicinales que la ciencia apenas empieza a estudiar y que ese conocimiento lleva siglos sistematizando con una precisión que ningún laboratorio ha logrado replicar. El canopy nocturno revela una selva completamente distinta a la del día, con sonidos que no tienen nombre en ningún idioma distinto al de quienes siempre vivieron ahí.

El Pacífico: ballenas y comunidades afro

El Pacífico colombiano es la costa más biodiversa y menos visitada del país. En Nuquí, entre julio y octubre, las ballenas jorobadas llegan desde la Antártida a parir en aguas tibias, y encontrarse con una madre y su cría desde una embarcación pequeña es de esas experiencias que reordenan las prioridades de manera permanente. En tierra, las comunidades afrocolombianas del Chocó llevan siglos viviendo donde la selva húmeda se encuentra con el océano, construyendo una cultura de música, espiritualidad y gastronomía que es tan extraordinaria como los animales que las rodean.

La Sierra Nevada: los guardianes del mundo

El viaje cierra en la Sierra Nevada de Santa Marta, la cordillera costera más alta del mundo, que sube del mar a más de cinco mil setecientos metros en cuarenta y dos kilómetros. Allí las comunidades Kogui y Arhuaco custodian una cosmovisión que lleva más de dos mil años sin interrumpirse, donde la salud de la montaña y la salud del mundo son la misma cosa.

Una conversación con un mamo Arhuaco no es una actividad del itinerario. Es un acceso a una manera de entender la relación entre los seres humanos y el territorio que la modernidad lleva siglos intentando recuperar.
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